Las luces también decoran

Las luces también decoran

No es nada nuevo que os diga que necesitamos luz para vivir. La luz del sol, su incidencia, las horas al día que la vemos y cómo la percibimos no sólo afectan a nuestro ritmo de vida, a nuestros horarios, sino que también influye en nuestro carácter, nuestras relaciones sociales y nuestra percepción del tiempo de ocio. Es muy importante que dentro de nuestra casa tengamos buena luz natural. Pero cuando el sol se va a dormir, o los días en los que no lo vemos, es también muy importante cuidar la luz artificial que tenemos en casa, porque de ésto también depende nuestro estado anímico.

Las luces de interior y su efecto en nosotros es algo que conocen y cuidan mucho en los países nórdicos, donde disfrutan de pocas horas de luz la mayor parte del año. Por algo son los creadores del hygge, porque su vida exterior es limitada.

En nuestras casas es ideal que contemos con tres tipos de iluminación: la iluminación general, la iluminación funcional y la iluminación ambiental. Las tres son importantes, cada una para un tipo de actividad diferente.

La luz general es la que tiene que ser lo más parecida a la luz exterior: intensa y que sea homogénea en toda la estancia, que no deje zonas de sombras. Es la que utilizamos cuando tenemos actividad en la estancia, por ejemplo si estamos cenando con amigos.

La luz funcional está localizada en zonas concretas y tiene una función específica, que es iluminar una zona determinada, como una mesa de estudio o un rincón de lectura. Esta luz debe ser suficientemente intensa como para que no se nos canse la vista, preferiblemente blanca.

Y el tercer tipo de luces es la luz ambiental. Son aquellas luces que encendemos cuando no estamos realizando ninguna actividad que requiera ver bien. Son las luces que encendemos cuando estamos viendo la tele, por ejemplo, o cuando estamos relajados. Estas luces son importantísimas y quizá son las que más descuidamos. Influyen tanto en nosotros que son capaces de hacernos descansar, de relajarnos, de evocarnos algún recuerdo agradable, de vivir un momento de tranquilidad o de representar nuestro momento preferido del día.

Estas luces son lámparas de mesa, velas, apliques o guirnaldas. Si cuidamos su colocación estratégica, veremos el efecto increíblemente positivo que ejerce en nosotros. Cuando llega la hora en la que el ritmo de nuestra casa baja, en la que ya hemos parado de hacer cosas, encender unas velas, tener una luz tenue iluminando rinconcitos, nos ayuda a bajar el ritmo también de nuestros pensamientos, a encender nuestro «modo desconexión». Si en invierno, cuando llegamos a casa, además de la luz general encendemos alguna de estas luces ambientales, aumentaremos la sensación de hogar, de que hemos llegado a nuestro refugio.

Así que aprovechando estas fechas Navideñas, usemos guirnaldas y velas en nuestras casas y os propongo que las mantengáis el resto del año. Ahora sólo nos faltan las zapatillas calentitas y la manta amorosa del sofá 😉



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